Terapia Sistémica Relacional
Una nueva forma de mirar
Lo que nos ocurre hoy casi nunca empieza hoy.
Una reacción desproporcionada, un patrón que se repite en relación tras relación, una forma de querer o de protegerse que no sabemos de dónde viene… muchas veces, lo que vivimos en el presente es el eco de algo que se originó mucho antes. En nuestra familia de origen. En la historia de nuestros padres, de nuestros abuelos, a veces más atrás todavía.

La mirada sistémica es justo eso: aprender a ver más allá de lo que está sucediendo. Entender que no somos islas, que formamos parte de sistemas vivos — la familia, la pareja, los vínculos — y que esos sistemas nos atraviesan, nos forman y siguen presentes en cada cosa que hacemos.
¿Qué es el enfoque sistémico?
Durante mucho tiempo se entendió el sufrimiento como algo individual: un problema que está dentro de la persona. El enfoque sistémico propone otra cosa.
Mira a la persona dentro de su red de relaciones. Entiende que un síntoma — una ansiedad, una pauta que se repite, un conflicto — no nace en el vacío, sino dentro de un sistema que tiene su propia historia, sus reglas no escritas, sus lealtades invisibles. Y que para comprender de verdad lo que nos pasa, hay que mirar ese sistema entero, no solo a la persona que sufre.
Es una mirada que primero deconstruye lo individual para llegar a lo que hay debajo — lo relacional, lo transgeneracional, lo heredado — y desde ahí permite reconstruir una individualidad más sólida y más libre. Una individualidad que ya no carga, sin saberlo, con lo que no le pertenece.
Lo transgeneracional: lo que viaja por las generaciones
Hay cosas que se transmiten sin palabras. Modos de querer, miedos, silencios, mandatos, heridas. Pasan de una generación a otra sin que nadie lo decida, y nos llegan ya hechos, como si fueran nuestros.
El trabajo con el genograma — una especie de mapa de la familia a lo largo de las generaciones — permite hacer visible eso que estaba oculto. Ver de dónde viene un patrón. Reconocer una lealtad que nos ata. Honrar lo que recibimos y, a la vez, soltar lo que ya no nos corresponde llevar.
Reconocer y honrar las raíces no es quedarse en el pasado. Es justo lo contrario: es lo que nos permite, por fin, ocupar nuestro propio lugar.

La familia como sistema vivo

Esta es una de las ideas que más me han transformado como terapeuta.
Una familia es un organismo vivo. Y como todo organismo, está orientada a una cosa: sobrevivir, seguir adelante, mantener su equilibrio. Cada miembro, sin saberlo, cumple una función dentro de ese propósito.
Por eso, cuando un niño o un adolescente «da problemas», la mirada sistémica no busca el fallo en él. Su conducta es un síntoma — una señal de algo que ocurre en el sistema entero. Incluso la llamada «oveja negra» cumple una función: muchas veces, sin proponérselo, está protegiendo el equilibrio de la familia, cargando con una tensión que es de todos.
El origen no está en el individuo. Está en las dinámicas del sistema. Y cuando esas dinámicas se ven y se transforman, el síntoma deja de ser necesario.
¿Por qué relacional?
Existe una terapia sistémica de pareja y una terapia sistémica familiar, cada una con su forma específica de trabajar. Pero yo prefiero hablar de Terapia Sistémica Relacional, porque la mirada sistémica va más allá de la familia o la pareja: tiene que ver con cómo nos relacionamos en todos los ámbitos de la vida.
Esa mirada está presente lo trabaje donde lo trabaje — en terapia individual, en pareja o en familia. Es transversal. No es una técnica que se aplica a veces, sino una forma de entender a la persona que acompaña todo el proceso.
Dos miradas que se encuentran: lo sistémico y el carácter
En mi formación con Grazia Cecchini aprendí algo que sostiene gran parte de mi trabajo: la mirada sistémica y la mirada caracterial del Eneagrama — tal como la desarrolló Claudio Naranjo — son dos formas distintas de mirar a una misma herida.
El Eneagrama mira el carácter: cómo aprendimos a sobrevivir, qué automatismos desarrollamos, qué forma tomó nuestra manera de estar en el mundo. La mirada sistémica mira el origen: de qué sistema venimos, qué heredamos, qué lugar ocupamos en una historia que empezó antes de nosotros.
Son dos puntos de vista sobre lo mismo, y se enriquecen mutuamente. El trabajo sistémico asienta y da raíces a la comprensión del carácter; la mirada caracterial afina y da precisión a la comprensión del sistema. Juntas, ofrecen una profundidad que ninguna alcanza sola.

La terapia sistémica relacional reconoce que nuestro bienestar está estrechamente ligado a la calidad de nuestras relaciones.
¿Para quién es?
Para quien siente que repite los mismos patrones en sus relaciones sin entender por qué. Para parejas que quieren salir de ciclos que se repiten y encontrar nuevas formas de encontrarse. Para quien atraviesa un conflicto familiar, una herida de origen, o simplemente quiere comprenderse a sí mismo desde una mirada más amplia.
Y para quien intuye que lo que le ocurre tiene que ver con algo más grande que él — con una historia familiar que pide ser mirada.
Trabajo desde el enfoque sistémico en terapia individual, de pareja y familiar. Sea cual sea tu situación, escríbeme y encontramos el espacio adecuado.
Las sesiones son presenciales en Getxo y Bilbao, y también en formato online.